Opinión

El piso turístico, defendido por dentro.

Llevo más de 16 años gestionando pisos turísticos en Barcelona y Madrid. Las dos ciudades me las conozco como propias. Las amo, y de alguna manera nuestro trabajo es ser embajadores de las mismas: para muchos visitantes que llegan, somos los primeros con quienes hablan. Somos la cara de la ciudad.

Desde dentro, con conocimiento de causa, quiero decir algo que casi nadie dice: los pisos turísticos no son el problema. La gestión irresponsable, sí.

La distinción importa porque el debate público ha colapsado todo el sector en una categoría: "Airbnb". Como si todos los pisos fueran iguales, todos generaran las mismas externalidades, todos se opusieran al equilibrio del barrio.

No es así.

Los datos lo respaldan. España recibió 96,8 millones de visitantes internacionales en 2025 — récord histórico. El turismo aportó €115.100 millones en gasto, la cifra más alta de Europa. Gran parte del alojamiento que recibe a esos visitantes son pisos turísticos legales — la oferta extra-hotelera que está en el centro del debate.

Detrás de cada uno de esos pisos hay una familia propietaria, una gestora que da empleo a equipos locales, y un huésped que paga IVA, tasa turística e impuestos.

El mito de los fondos de inversión

La prensa ha instalado la idea de que el piso turístico es producto de fondos de inversión extranjeros que vacían barrios. En MyRentalHost no es así, y nuestro caso lo demuestra.

Nuestros propietarios son personas particulares — no fondos. La mayoría tiene UN solo piso con nosotros. Uno. Es un complemento al sueldo, una preparación para la jubilación, un activo heredado que decidieron no vender, una vivienda que ya no usan. No son carteras especulativas: son familias que con un piso bien gestionado generan ingresos legítimos.

La realidad del sector, al menos en gestoras profesionales y locales como la nuestra, está mucho más cerca de eso que del relato del "fondo internacional". Hay muchos más propietarios particulares con un piso que fondos con muchos. Nuestros números lo confirman.

El empleo que sostenemos

Cuando alguien dice "pisos turísticos", la imagen mental suele ser una llave, una limpieza ocasional, un cobro. La realidad es mucho más grande.

Cada piso bien gestionado depende de una cadena directa de servicios locales que sostiene empleo real. En MyRentalHost trabajamos con:

Y a esa cadena directa se suma otra capa, menos visible pero igual de real: el empleo indirecto que generamos cada vez que un huésped vive la ciudad a través nuestro. Un shuttle desde el aeropuerto, un taxi o un VTC para una salida, el restaurante del barrio que recomendamos para una cena, una babysitter para una noche fuera, una guía privada, una reserva en una tienda local. Cada interacción que el huésped tiene con la ciudad puede pasar por nuestras manos — y cada recomendación es un cliente más para un negocio del barrio.

La cantidad de personas que viven de este ecosistema es enorme — y enteramente local. No hablamos de empleos deslocalizados ni de plataformas que extraen el valor afuera. Hablamos de proveedores, autónomos y pequeñas empresas de Barcelona y Madrid que facturan, pagan impuestos y dan de comer a familias enteras gracias a un sector que la conversación pública pinta como si fuera solo un par de pisos vacíos.

Limitar el sector sin matices no afecta solo a propietarios. Afecta a toda esa cadena, directa e indirecta.

Lo que diferencia un piso turístico bien gestionado

La diferencia entre el piso turístico legal y el alquiler improvisado no es estética. Es operativa. Un piso con licencia HUT/VUT está registrado, paga impuestos, tiene seguro, opera bajo normativa. Un piso ilegal no está registrado, no paga, no tiene seguro, opera por debajo del radar.

La crítica pública se enfoca casi exclusivamente en el primero — el visible, el que cumple. Mientras el segundo, el que verdaderamente daña al barrio, queda fuera del debate porque es difícil de fiscalizar.

En MyRentalHost decimos que somos "the human side of hospitality". Suena a slogan, pero significa algo concreto: cada uno de nuestros pisos tiene un equipo humano detrás. Un anfitrión que recomienda restaurantes del barrio, no cadenas. Que responde mensajes en minutos. Equipos de limpieza, mantenimiento y atención al huésped 24/7 en cinco idiomas, todos locales.

Esto no lo da un hotel internacional. Y no lo da un piso sin gestión.

El alquiler temporal: el otro frente

Cataluña ha hecho otro giro. La Ley 11/2025 — autonómica catalana, vigente desde el 1 de enero de 2026 — redefine el alquiler de temporada por causa, no por duración. Si el inquilino viene por trabajo, estudios o motivos médicos, el contrato queda sometido al control de precios de zonas tensionadas (Ley estatal 12/2023). Solo el alquiler con causa vacacional o recreativa queda libre.

En la práctica, esto blinda el temporal "real" — el que durante años ha alojado a profesionales en proyectos cortos, estudiantes Erasmus, médicos en rotación, familias en transición — bajo topes que hacen inviable que un propietario lo ofrezca. Los datos del primer semestre de 2025 hablaban de 9.394 contratos de temporada inscritos solo en Barcelona y 15.535 en Cataluña. Detrás de cada uno hay un inquilino con una necesidad concreta que ahora se quedará sin opción.

Nosotros hacemos temporal desde hace años. Funciona. Funciona para el propietario, que tiene ingresos estables y un inquilino responsable durante meses. Funciona para el huésped profesional o estudiante, que necesita más de un mes en la ciudad y no encuentra alternativa razonable. Funciona para el barrio, que recibe personas que viven, no que pasan.

El legislador catalán tiene sus argumentos — cerrar fraudes documentados, proteger el stock residencial, ejercer el derecho constitucional a la vivienda del art. 47 CE. Los reconozco. Pero el remedio aplicado tiene un efecto colateral grande: se elimina un mercado entero para perseguir las desviaciones de unos pocos.

Y aquí quiero ser claro: eliminar algo es siempre la peor forma de solucionar un problema.

La solución no está en cerrar puertas. Está en cómo conviven las opciones. Porque detrás de cada modelo — turístico, temporal por causa, residencial tradicional — hay gente que merece poder trabajar, vivir, invertir. Eliminar uno para "salvar" otro es un atajo que pierde a todos.

Madrid, hasta el momento, no ha tomado este camino. La normativa estatal sigue siendo flexible y el Ayuntamiento no ha replicado el modelo catalán. El contraste es importante: dos modelos, dos ciudades, dos resultados todavía por verse.

El camino: convivencia, no eliminación

Lo que se necesita no es vaciar el sector. Es fortalecer la diferencia entre lo profesional y lo informal: más inspección de pisos sin licencia, más reconocimiento del piso turístico bien gestionado como parte de la economía local, diálogo real entre administraciones, propietarios y gestoras, datos públicos sobre quién paga qué, dónde y cuánto.

Y conviene poner los números en escala. Las viviendas turísticas legales en España representan alrededor del 1,4% del parque total de viviendas (381.837 viviendas turísticas en mayo de 2025, sobre el total residencial — fuente: INE, estadística experimental). Somos responsables, con la justa medida, de los problemas que generamos. Pero no se puede acusar a un 1,4% de los problemas que afectan al 98,6% restante del mercado — un mercado que tiene causas mucho más estructurales: falta de obra nueva, regulación residencial restrictiva, salarios estancados, especulación inmobiliaria de gran capital.

Dato verificado. Según la estadística experimental del INE, en mayo de 2025 había 381.837 viviendas turísticas en España, lo que representa el 1,43% del parque residencial. En noviembre de 2025 la cifra cayó a 329.764 (−12,4% interanual) por efecto de las medidas regulatorias en marcha. Fuente: INE · Medición del número de viviendas turísticas en España.

Defender los pisos turísticos y temporales bien gestionados no es defender el caos. Es defender la hospitalidad con cuidado humano frente a dos extremos peores: el hotel internacional que extrae valor sin dejarlo en el barrio, y el alquiler improvisado que ofrece la experiencia sin la responsabilidad.

Hoy más que nunca, el sector necesita voces que reconozcan los matices. Las ciudades necesitan turismo, pero turismo gestionado por gente que viva ahí, que cuide el activo, que entienda el barrio, que ame la ciudad.

Eso es the human side of hospitality. Y eso es lo que defendemos cuando defendemos un sector que da trabajo, sostiene familias y conecta personas con dos de las ciudades más vivas del mundo.

Compartir